58. La sustancia oculta
Santiago detuvo el auto en la esquina, muy cerca de la fábrica. Estábamos en un barrio alejado del centro de la ciudad. Era grande, pero muy poco movilizado; podían verse muy pocas personas a esas horas de la tarde en el lugar, y aquello me llenó un poco de ansiedad.
— Creo que deberíamos llamar a la policía o algo así — dije.
Pero Santiago negó.
— Creo que no, esta vez no estoy de acuerdo contigo. Si llamamos a la policía, van a llenar el lugar de inmediato. Siento que sería llamar de