178. Predestinación rota.
Sabía que, a pesar de todo, habíamos terminado cediendo en el mismo camino que el futuro había puesto para nosotros. Cuando vi que Máximo arrastró a Isabel hacia afuera, me sentí un poco aliviado de que la sacara de aquí, de esta trayectoria de muerte, pero sabía que era en vano. El destino estaba impuesto; ya nada nos salvaría de él.
El campo tirador hizo que todos salieran corriendo de la habitación. El anciano se puso de pie, corrió hacia donde yo estaba y, con un cuchillo que tenía escondid