Cuando Christopher y Alisson llegaron a la mansión Miller, la casa estaba en completo silencio ya que Elizabeth y Michael se habían ido a cenar. Afuera había comenzado a llover suave, un murmullo constante contra las ventanas. Christopher dejó las llaves sobre la mesa y, sin soltar la mano de Alisson, la atrajo hacia él, con esa calma que siempre escondía algo más.
Su mirada bajó lentamente hasta su vientre. La acarició con la palma abierta, cálida, fuerte.
—¿Qué crees que es? —preguntó, sus oj