El portazo sonó más fuerte de lo que Ryan pretendía, pero no le importó. Tiró las llaves sobre la mesa de la entrada como si acabara de sobrevivir a una maratón.
—Te lo dije —bufó, dejándose caer en el sofá—. El yoga es una secta satánica.
Julie, que se había quitado las zapatillas y ya caminaba descalza hacia la cocina, le lanzó una mirada por encima del hombro.
—Oh, claro. Una secta donde la gente se relaja y mejora su postura. Un verdadero peligro para la humanidad.
Ryan la siguió con la vis