Las horas habían pasado con demasiada rapidez. Christopher se encontraba en su oficina leyendo unos documentos cuando la puerta de su oficina sonó. Eran más de la cinco de la tarde y estaba seguro que había atendido todas sus reuniones. Se acomodó la corbata y dijo un “adelante” agotado. Cuando la puerta se abrió, vio a su abogado entrar con urgencia. Arrugó las cejas y lo hizo sentar enfrente de él.
—¿Qué es tan urgente? —le preguntó confundido.
—Señor, la herencia de Austin ya fue liberada,