—No deberíamos beber más… —dijo Julie, tambaleando apenas mientras salía del restaurante con la copa número… ¿ocho? ¿nueve? Había perdido completamente la cuenta.
—¡Correcto! —respondió Ryan, abrazándola por los hombros mientras reían—. No deberíamos beber más… y por eso pedí una botella para llevar.
—¡¿Qué?! —se giró hacia él, medio riendo, medio escandalizada.
Ryan levantó la pequeña botella envuelta en papel dorado como si fuera un trofeo.
—Para brindar en la cima de la resaca —anunció orgul