El salón del hotel, reservado para eventos especiales, estaba iluminado por lámparas colgantes de cristal y luces cálidas que jugaban con las texturas de las telas y los reflejos de los espejos dorados. El desfile era pequeño, íntimo, pero exquisitamente organizado. Jackson, había elegido un espacio apartado dentro del mismo hotel en Milán, uno que destilaba elegancia, sobriedad y lujo con cada rincón. No había sillas en filas infinitas ni flashes desbordantes, solo selectos invitados sentados