El murmullo de las teclas, el paso apurado de asistentes y el eco de teléfonos al otro lado del pasillo parecían desvanecerse cuando Julie entró en el piso principal de Tentación. Iba maquillada, impecable como siempre, pero con los ojos hinchados y el alma hecha trizas. Su corazón palpitaba con fuerza, y su mano tembló cuando empujó la puerta de la oficina de Ryan. Habían pasado días, quizás semanas desde lo que había pasado en Milan. Y, aunque no se atrevía a verlo a la cara sin sentir que se