Ryan no sabía si mandar a asesinar a su amigo o hacerlo él mismo. Ni siquiera habían pasado dos horas, dos miserables horas desde que habían llegado al hotel, cuando dos policías federales lo sacaron de su cama a medio vestir y lo acusaron de secuestro.
—Te dije que era una locura llevar a Alisson Miller de esa manera al hotel —masculló, con los dientes apretados y la mirada enrojecida.
Christopher no le respondió; estaba tratando de asimilar las últimas palabras que le había dicho Alisson. ¿