Los días habían pasado como si estuvieran corriendo un maratón desde que Elízabeth había decidido quedarse con Michael. Las sonrisas más frecuentes, y los silencios, más cargados de promesas. Esa mañana, el sol se coló entre los ventanales altos del salón principal, acariciando con su luz dorada la decoración sencilla pero elegante que los miembros más cercanos de la familia habían preparado para celebrar el cumpleaños de Michael.
En una esquina, Christopher revisaba las botellas de vino y daba