La atmósfera era densa, casi oprimente, como si el aire hubiera perdido su oxígeno. Pero Elizabeth no titubeó.
—Está bien —dijo con voz serena, dirigiéndose a Michael sin apartar los ojos de Sasha—. Que se quede. No haré un escándalo delante de tus compañeros de trabajo… y mucho menos delante de la prensa.
Hubo un murmullo bajo, como un viento contenido en los pulmones de todos. Michael giró lentamente hacia ella, desconcertado, pero ella ya había dado un paso hacia la mesa principal, con la fr