—¡Maldición! —exclamó Alisson mientras veía la sonrisa irritante de Christopher.
Su corazón se aceleró de forma inmediata. Ya no podía soportar más su cercanía, sus ojos grises mirándola con esa intensidad que quemaba, y su maldito perfume. ¿No tenía otro perfume que no fuera ese?
—Apenas escampe, te largas Langley —exclamó, caminando hasta la cocina y comenzando a preparar algo para la merienda.
Sus hijos adoraban tomar chocolate caliente en los días lluviosos. Así que sacó un par de barras d