La presión era una olla a presión a punto de estallar. Los últimos días, la energía en La Esquina Negra había cambiado. Gabo era un fantasma, aparecía y desaparecía con mirada de tormenta. Los matones de confianza de Nariño entraban y salían en silencio, sus conversaciones murmuradas se cortaban en seco ante cualquier presencia extraña. Ana María no necesitaba ser un genio para saberlo: el cargamento se movería pronto, y ella seguía sin el dato crucial: ¿cuándo y por dónde?
La mañana clave empe