El sol de la tarde bañaba la fachada descascarada del Centro Comunitario cuando Ana María llegó. Un murmullo excitado, diferente al usual tono apagado del lugar, la recibió desde antes de cruzar la puerta. Al entrar, el espectáculo la dejó sin aliento.
Allí estaban. Los chicos y chicas de su grupo, pero transformados. Brillaban con nuevos uniformes de baile: camisetas de tirantes negras y pantalones holgados de un gris perla, con una franja roja vibrante en los costados. La tela era buena, no l