El último acorde de la canción se extinguió, dejando en el aire solo el sonido de la respiración agitada y el sudor que brillaba en las frentes. Habían ejecutado la nueva coreografía de Gabo, y la energía en el salón era electrizante, cargada de un logro tangible. Por un instante, incluso Mateo lucía una expresión de concentración satisfecha.
Fue en ese clima de euforia colectiva que Lena, aún jadeando, se dejó caer en el suelo y soltó la bomba con una sonrisa pícara.
— ¡Uy, profe! —exclamó, se