El impacto ocurrió en un segundo que se estiró como una eternidad.
El rugido del motor llenó la calle, un grito metálico que hizo temblar el aire antes de que las llantas chirriaran violentamente contra el asfalto. Ariana apenas tuvo tiempo de girarse. Sus ojos, aún llenos de lágrimas, se abrieron grandes, reflejando un destello de luz, la sombra del auto, la muerte viniendo hacia ella.
—¡No! —susurró, pero su voz se perdió en el viento.
El cuerpo de Ariana salió despedido como si fuera una muñ