Ariana sintió que el mundo se le comprimía en el pecho.
La tarjeta temblaba entre sus dedos, no por el viento suave que recorría el parque, sino por la sacudida interna que le dejó la última frase de Olivia. Era la tarjeta de Leonardo. La misma. Idéntica.
Un escalofrío le subió por la espalda.
Olivia, frente a ella, sonreía… pero esa sonrisa se evaporó en cuanto sus ojos bajaron, sin querer, hacia el abdomen de Ariana.
Un movimiento casi imperceptible apenas un bulto suave, aún pequeño, aún frá