Ariana bajó del auto con un portazo que resonó. Su mirada estaba encendida, el rostro tenso, la respiración acelerada por la rabia que la consumía desde el estómago hasta la garganta, Emma se había burlado de ella y no se lo iba permitir
—Espere, señorita, yo voy con usted —dijo Flor apresurada, saliendo tras ella.
Ariana apenas asintió. Caminó hacia la mansión con paso firme, el sonido de sus tacones golpeando como un eco de guerra.
Subió un par de escalones, dispuesta a buscar a Emma en su