Mientras tanto, en el sótano de las empresas Energy, el sonido retumbó dentro del vehículo como si fuera una extensión de la furia que le comprimía el pecho.
Apenas segundos después, Martin subió por el otro lado y cerró con cuidado, como si cualquier ruido adicional pudiera detonar algo peor. El motor arrancó.
Durante varios segundos, ninguno habló.
Leonardo mantenía la mirada fija al frente, la mandíbula tan tensa que parecía a punto de quebrarse. Sus manos estaban cerradas en puños sobre lo