—Si no me dices en dónde demonios está Ariana Santillán, o cuál fue el maldito trato que hiciste con la zorra de Emma, te prometo que vas a rogar que te deje respirar. No me importa si tengo que romperte cada hueso del cuerpo —habló, su voz grave y contenida, tan baja que helaba..
El gordo soltó una risita temblorosa, empapado en sudor.
—Ya te lo dije… no sé nada de esa zorra —bufó, limpiándose la sangre del labio con la manga del saco—. Vete al infierno, imbécil.
Ethan respiró hondo, pero lo ú