Hoy es el día.
Leonardo avanzó por el pasillo con paso firme, el eco de sus zapatos resonando en el mármol de la mansión. La mañana había comenzado hace horas, pero él ya había tenido tres reuniones, firmado documentos y respondido a varios ministros. Ahora, sin embargo, había algo más urgente que cualquier asunto de Estado.
Apretó el puño frente a la puerta blanca del cuarto de Ariana y tocó con los nudillos. Dos veces. Firme.
Dentro, Ariana se levantó de la cama. Había dormido poco. La noche anterior había