Harry y Olivia subieron al auto sin decir una palabra más.
El portazo resonó como un disparo en el aire quieto de la mañana. Harry se acomodó en el asiento trasero, aflojándose la corbata con un gesto brusco, mientras Olivia cruzaba las piernas con elegancia fingida, girándose lentamente hacia él.
—No pienses siquiera en acercarte a esa estúpida de Ariana —dijo, con voz suave pero venenosa—. No después de todo esto.
Harry ladeó la cabeza, divertido. Extendió la mano y le sostuvo el mentón con dos dedos.
—¿Y quién va a evitarlo? —susurró—. ¿Tú?
Olivia apartó su mano con un golpe seco.
—Eres un imbécil.
Harry sonrió, con esa sonrisa torcida que tanto la enfurecía.
—Eso no piensas cuando estás en mi cama.
Ella se giró hacia la ventanilla, apretando los labios, mientras el chofer arrancaba el vehículo y los alejaba de la casa.
A kilómetros de ahí, el auto de Ariana se detuvo junto al parque.
El chofer bajó primero, abrió la puerta, y Ariana descendió con cuidado. Alex saltó al suelo con