Mientras tanto, a kilómetros de distancia el vehículo negro avanzaba por la carretera secundaria, alejándose de la ciudad, dejando atrás el ruido, los flashes y el caos que comenzaba a devorar el nombre de Harry Velmon.
El cielo estaba cubierto, pesado, como si incluso el clima presintiera el desastre.
Harry iba en el asiento trasero, la mandíbula tensa, los dedos crispados sobre el teléfono que no dejaba de vibrar. Mensajes, llamadas perdidas, alertas. Todo ardiendo.
Olivia, a su lado, observ