Con un nudo en la garganta y el corazón apretado, Ariana cruzó el umbral de la mansión Santillán.
Maximiliano dormía profundamente en brazos de Leonardo, aferrado a su chaqueta con una confianza que dolía. Alex caminaba a su lado, sosteniendo la mano de Flor, hablando en voz baja para no despertar a su hermano.
El silencio que los envolvía era extraño. Demasiado tranquilo.
—Déjamelo —susurró Ariana al llegar a la escalera.
Leonardo dudó apenas un segundo antes de inclinarse y pasarle con cuidad