Ariana estaba sentada frente al escritorio de madera clara, con la espalda recta y los hombros tensos, revisando por enésima vez los documentos que tenía frente a ella. Los folders estaban perfectamente alineados, cada uno con etiquetas de colores que marcaban contratos, balances y acuerdos pendientes. La luz de la tarde entraba por el ventanal del despacho, dibujando líneas doradas sobre el suelo pulido. A pesar de la calma aparente del lugar, su mente no dejaba de trabajar, repasando cifras,