El auto avanzaba con lentitud por la avenida arbolada.
Leonardo llevaba la mirada fija al frente, pero no veía nada.
Las imágenes de la mañana seguían golpeándole la cabeza como un martillo: las noticias, el nombre de Harry Velmon en boca de todos, los analistas hablando de corrupción, de traiciones, de secretos que por fin salían a la luz. Y, por encima de todo, la imagen que no lograba arrancarse del pecho: Ariana… y esos dos niños.
Martin conducía en silencio. Sabía reconocer cuándo su jefe