El reloj marcaba más de cuatro horas desde que Ariana había sido llevada de urgencia a cirugía. En el pasillo Ethan caminaba de un lado a otro con los ojos enrojecidos, incapaz de quedarse quieto. Mónica lo miraba desde la banca, nerviosa, frotándose las manos, sin saber cómo consolarlo. Cada vez que una puerta se abría, los dos levantaban la mirada, esperando que al fin saliera el doctor.
Hasta que ocurrió.
La puerta doble de la sala de cirugía se abrió y el doctor apareció, exhausto, con la b