Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Ariana apretó con fuerza el pequeño bolso entre sus manos mientras subía los escalones de mármol. Su pulso iba desbocado, pero no por miedo… sino por lo que apenas unas horas se había enterado, ahora era la esposa del presidente. Cruzar esa puerta significaba enfrentarse a un hombre que no conocía, pero que ahora llevaba su apellido.
Cuando el guardia abrió la puerta principal, la joven avanzó con paso inseguro. El eco de sus tacones resonó por el pasi