Ariana mantenía la mirada fija en la ventana del auto. El vehículo avanzaba con suavidad por las avenidas desiertas, y cada vez que pasaban frente a un semáforo.
No pensaba en Leonardo, ni en lo que había dicho antes de salir. Solo podía escuchar el eco de su corazón.
“Vas a ver a tu padre.”
Esas palabras se repetían en su cabeza como un mantra que la mantenía despierta.
Martin conducía en silencio. Su perfil era imperturbable, la expresión de un hombre acostumbrado a obedecer órdenes sin cues