Las luces de las linternas se movían entre los árboles como ojos hambrientos. Ariana las vio aparecer entre la niebla baja y el miedo le apretó el pecho con violencia.
Su respiración se volvió errática mientras intentaba acelerar el paso, aunque sus piernas apenas le respondían. Cada paso era una lucha contra el mareo, contra el dolor que aún le martillaba las sienes.
Tropezó con raíces, se sostuvo de los troncos ásperos, se obligó a no mirar atrás.
Pero era inútil.
—Ariana, detente —la voz de Harry rompió la noche con una calma que resultó aún más aterradora.
Ella se giró bruscamente, el cabello pegado al rostro por el sudor . Sus ojos se encontraron con la silueta que avanzaba hacia ella sin prisa, como si supiera que no tenía escapatoria.
—¡Aléjate! —gritó, con la voz quebrada—. No voy a volver.
Harry sonrió. No una sonrisa amable, sino una cargada de certeza, de control absoluto. Caminó hacia ella con las manos relajadas, como si estuviera frente a una niña asustada y no a una m