—Buenas noches… mi primera dama.
Ariana abrió sus ojos y retrocedió tan bruscamente que su espalda chocó contra la pared helada, al ver a William entrando al baño de mujeres. Sus ojos se abrieron con un terror antiguo, profundo.
William cerró la puerta del baño detrás de él, despacio, como si disfrutara cada segundo de su entrada.
Sonrió. Esa sonrisa retorcida que ella jamás había logrado borrar.
—¿Q-qué haces aquí? —tartamudeó Ariana, sintiendo cómo todo su cuerpo se tensaba.
William se lamió