Ariana rodó los ojos con un suspiro leve pero cargado de fastidio. Había soportado la sonrisa falsa de Emma, no la sofocaba, la mantenía en alerta constante
—Es mejor que se mantenga alejada de mi —dijo Ariana con un tono seco, apenas inclinado hacia la provocación.
Emma sonrió. Esa sonrisa suya tan limpia, tan dulce… tan venenosa.
—Eso va a ser imposible, querida —contestó, ladeando la cabeza con falsa inocencia—. Estoy dispuesta a hacer las paces contigo.
Ariana no respondió a esa provocación. No pensaba regalarle ni un gesto de debilidad. Dio media vuelta sobre sus tacones, alzando el mentón y comenzando a caminar hacia el pasillo central de la gala, en busca de Leonardo.
Su vestido negro elegante, largo, entallado se movía con firmeza, marcando cada paso de autoridad.
Justo entonces, Harry, quien había estado observándola desde que entró al salón, dejó su copa sobre una bandeja y caminó en dirección a ella. No intentaba disimular su interés; su mirada seguía cada movimiento de Ar