Ariana sintió cómo un escalofrío se deslizaba por su columna. El sonido de esa voz tan calmada, tan satisfecha la arrancó por completo de la inconsciencia.
Intentó mover las manos, un acto reflejo impulsado por el miedo… pero al instante una punzada de dolor le recorrió los brazos. Las cuerdas mordían su piel.
Volvió a intentarlo, esta vez con desesperación, jalando, tirando, sintiendo cómo los nudos se clavaban más profundo. Sus muñecas ardían. El aire le costaba.
Y entonces escuchó a William