Pablo retiró la máscara con un esfuerzo que pareció costarle hasta el último aliento. Sus ojos, enrojecidos y llenos de una claridad dolorosa, se fijaron en Emma con una mezcla de reproche. Ella sonrió, una curva fría que no alcanzaba los ojos.
—Siempre creí que eras un hombre inteligente —dijo, la voz baja, medida—. Tal vez… tal vez te quise en su momento. —Hizo una pausa, alargando la palabra como quien prueba su veneno antes de soltarlo—. Pero lo arruinaste todo. Lo arruinaste por completo.