DOS SEMANAS DESPUÉS
Habían pasado dos semanas desde aquella tarde en el hospital. Dos semanas en las que el país entero no había dejado de hablar de la situación, de los ataques, del rescate, y del inesperado papel del presidente Leonardo Moratti, cuya imagen pública había explotado de popularidad.
Sin embargo, para él, cada día se sentía igual: pesado, silencioso, exhausto… y más vacío de lo que jamás admitiría.
Estaba sentado frente a su escritorio, en el despacho presidencial, con una montaña interminable de documentos. Su postura rígida, los hombros tensos, la mirada fija en los papeles, aunque su mente estaba claramente en otra parte.
Martín, su jefe de seguridad y consejero más cercano, estaba de pie al otro lado del escritorio. Lo miraba con atención, como si temiera que el presidente pudiera derrumbarse en cualquier momento sin aviso.
—Señor presidente… —comenzó Martín, con voz respetuosa— Tengo un informe que creo que debería escuchar.
Leonardo no levantó la vista. Pasaba ot