Ethan permaneció sentado apenas un segundo más, como si el pulso del sitio le hubiera congelado las entrañas.
Luego se puso de pie de un salto, la silla chirrió contra el suelo y él caminó con pasos cortos y decididos hacia la consola donde su secretario revisaba las imágenes.
El hombre al otro lado de la mesa apuntó a una de las pantallas con el gesto en el monitor, la sombra de un sujeto alto cruzaba la entrada principal de la mansión Santillán, envuelta por la oscuridad nocturna y por la l