El regreso a la mansión Rosewood fue como caminar sobre las cenizas de su propia pira funeraria. Los muros, restaurados con una prisa febril por orden de Rebecca, brillaban con una pintura blanca tan pulcra que resultaba ofensiva. Para el mundo, Lauren Moore era una nota al pie en una tragedia familiar; para la casa, era un fantasma que se negaba a descansar.
Lauren, bajo la piel de Vanessa Thorne, cruzó el umbral con una maleta pequeña y un corazón blindado. Rebecca la recibió con la pompa de