El mundo se había vuelto blanco, un lienzo de pureza gélida que contrastaba con la oscuridad de los secretos que Lauren Moore llevaba en su interior. La villa en los Alpes suizos, un refugio de madera y piedra que Alexander había presentado como el único lugar seguro para una mujer que legalmente no existía, estaba ahora sitiada por la tormenta más violenta de la década.
Lauren se aferraba a la barandilla de la cama, sintiendo cómo una ola de dolor, más cortante que el viento que aullaba fuera,