El beso de Alexander en la habitación de invitados no fue un acto de amor romántico, fue una colisión de dos trenes cargados de pólvora. Lauren sintió el sabor metálico de la desesperación en sus labios, el peso de semanas de luto fingido y la furia de una mujer que se sentía utilizada. Por un segundo, la máscara de Vanessa Thorne se desintegró, dejando paso a la verdadera Lauren, la que quería gritarle por cada noche de soledad en la celda de Blackwood.
Ella lo empujó con una fuerza nacida de