El despacho del juez Sterling se convirtió en una cámara de asfixia emocional. La palabra "Acepto" todavía vibraba en el aire, pesada y fétida, como el eco de una sentencia de muerte. Alexander no miró a Lauren; su perfil, endurecido como el mármol de una tumba, se mantenía fijo en la pantalla del teléfono donde su hijo dormía plácidamente, ajeno al hecho de que acababa de ser subastado por su propio padre.
Mónica sonrió. Era una sonrisa que Lauren conocía bien: la de un Moore que ha logrado do