El silencio que siguió a la rueda de prensa de Rebecca Moore fue más destructivo que el estallido de una bomba. En la sala de juntas de la Torre Rosewood, el aire parecía haberse agotado. Lauren observaba la pantalla donde su hermana, con una sonrisa de victoria absoluta, acariciaba su vientre. Cada flash de las cámaras era una puñalada en el nuevo mundo que Lauren había intentado construir.
Alexander estaba de pie junto a ella, con los puños tan apretados que sus nudillos amenazaban con romper