El aire en la habitación de la Clínica San Judas se volvió irrespirable. La voz de Silas Moore, cargada de una malevolencia que ni siquiera los años de coma habían logrado mitigar, vibraba contra las paredes blancas. Lauren sentía que el suelo bajo sus pies se transformaba en arena movediza. Miró a Alexander, esperando que desmintiera la locura que emanaba del hombre en la cama, pero el silencio del CEO era una confesión en sí misma.
—Dime de qué habla, Alexander —insistió Lauren, con la voz te