El asfalto de la ciudad reflejaba las luces de las patrullas como un espejo roto. Alexander acababa de ser conducido al furgón policial, sus manos esposadas a la espalda y su mirada clavada en Lauren con una orden silenciosa: no hables. Pero mientras Lauren veía las luces alejarse, sintió que el silencio era una soga que terminaría por asfixiarlos a ambos.
Ella no era Rebecca. Ya no podía serlo. La verdadera Lauren Moore, la niña del internado, la que había sido borrada de los registros por el