146° Después del estruendo.
El silencio que siguió a la caída de William no duró ni un suspiro completo.
Fue apenas un parpadeo.
Un instante suspendido.
Y luego…
La puerta estalló.
El sonido fue seco, violento, como si la madera y el metal se hubieran rendido al mismo tiempo. Las bisagras cedieron, la estructura se abrió de golpe y una oleada de hombres armados irrumpió en la sala como una marea negra.
Los disparos comenzaron antes de que nadie pudiera reaccionar.
No hubo advertencia.
No hubo orden clara.
Solo fuego.
Y ca