FIN. Donde empieza la vida.
No hubo celebración.
No de la forma en que uno imagina cuando una guerra termina.
No hubo gritos de victoria, ni alivio desbordado, ni abrazos despreocupados.
Lo que hubo… fue silencio.
Un silencio distinto.
Más liviano que antes, sí, pero también cargado de todo lo que se había perdido en el camino.
Nos quedamos unos segundos más dentro de la bodega, como si ninguno quisiera ser el primero en dar el paso hacia afuera. Como si cruzar esa puerta significara aceptar que todo lo que habíamos sido…