15° La deuda.
Mauricio entrecerró los ojos con fuerza al escuchar mi propuesta.
— ¿Por qué me estás pidiendo eso? — preguntó.
Pero antes de que de su boca saliera otra pregunta, apreté con fuerza la presión en mi mano.
Él creía que era lo suficientemente inteligente para seducirme. Yo también iba a hacerlo. ¿Quién decía que no podía hacerlo?
Ya me había metido en un juego sucio de venganza, qué más daba alcanzar los últimos límites para poder conseguirla.
— Me parece que nuestro trato no es justo — le di