16° El sabor de la venganza.
Mi corazón latía con fuerza porque al final había llegado el momento.
Uno de los momentos con los que más había soñado había llegado. Ahora, al fin, iba a poder hacerlo.
La mujer me miró con los ojos abiertos, como si en serio no fuera capaz de creer lo que yo le estaba contando.
Observó el cheque en el suelo; desde la posición en la que había caído podía verse perfectamente. Era la mitad de su deuda.
—¿Por qué es esto? —me preguntó.
Y yo la miré, levantando el mentón.
—¿Sabes por qué lo hago?