133° La última mentira.
El cuerpo de Michael ya no le pertenecía al silencio.
Lo había recuperado.
No de golpe, no con la explosión de fuerza que acostumbraba, sino poco a poco, como si cada músculo estuviera despertando de una larga hibernación. Primero los dedos. Luego las muñecas. Después los hombros. Ahora… prácticamente todo.
Y aun así, no se movía.
Seguía tendido, con el cuerpo flojo, los ojos medio cerrados, la respiración controlada.
Fingiendo.
Porque sabía que esa era su única ventaja.
El vehículo se detuvo c