134° El segundo antes del fin.
No sé por qué me desperté con esa sensación.
No era miedo exactamente. Tampoco ansiedad pura. Era algo más preciso, más incómodo… como una certeza mal formada, una idea que todavía no tiene palabras pero que insiste en quedarse, clavada, respirando detrás del pecho.
Michael había corrido tras Santiago y esperé que lograra encontrarlo.
Me levanté de la cama y caminé hacia el armario. No elegí ropa bonita. No elegí nada que tuviera que ver con estética o con apariencia. Elegí lo que necesitaba.
P