127° Lo que habita en la noche.
Había olvidado lo que se sentía descansar en una cama de verdad.
No una superficie improvisada, no una colchoneta dura en el suelo, no una silla incómoda donde el cuerpo apenas encontraba posición.
Una cama.
Suave. Amplia. Silenciosa.
Por primera vez en mucho tiempo, el cuerpo no estaba en alerta constante, no había ruido de fondo, no había pasos vigilando cada movimiento ni órdenes cruzándose en radios.
Y aun así…
No pude dormir en paz.
Me recosté de lado, abrazando la almohada, intentando con